A menudo le hacía comas,
Tildes, exclamaciones nocturnas,
Y muchas, muchas interrogaciones...
Pero le escribía.
Ella lo hacía a sabiendas
De que no sería jamás
Su libro de cabecera,
Su refugio de penas,
Su diario de alegrías.
Cuando la página
Se cubría hasta el fondo
De interrogaciones sin final,
Sonreía a las respuestas,
Entrecomillaba cada beso,
Parafraseaba cada caricia,
Hacía de la vida un paréntesis
Con cabida para dos.
Y entre tanta coma,
Tanta duda,
Tanto espacio en blanco
E interrogación.
Entre tanto punto suspensivo
Llegó ese momento,
Como dice Sabina,
En que "al punto final
De los finales,
No le siguen los puntos suspensivos"
Cerró el cuaderno,
Ese que él nunca leyó.
(No le gustaba la poesía)
miércoles, 21 de mayo de 2014
jueves, 15 de mayo de 2014
Cuando un tren se para
Aquella primera noche, no dormí.
Y tampoco ocurrió nada.
Quiero decir,
mi conciencia me decía una y otra vez
que aquello era una locura.
Pero le tenía en frente
y aquel extraño era,
extrañamente, familiar.
Fueron largas horas de conversaciones surrealistas,
de
caricias tempranas
que querían saberlo todo en una noche.
Así, se juntaron
cuatro manos que leían a oscuras
dos cuerpos con mucha piel por descubrir.
Sabina decía aquello de “nadie se ha muerto por ir sin
dormir una vez al currelo”
y resultó ser cierto.
La madrugada llegó
sin que la
oscuridad hubiese sido razón suficiente
para frenar ese río de sensaciones que
buscaba mar.
Y así, lejos de dormirme por las esquinas,
el día siguiente
se antojaba expectante, y reflexivo.
No todas las noches dejan los trenes de funcionar,
ni
termina un café en caricias desmedidas,
ni un susurro en una ilusión.
De lo que vino después,
hasta hoy, poco recuerdo.
Supongo
que pasaste
a ser ese compañero inestable
de caricias los días pares e
imprudencias el resto.
Supongo que una noche no lleva a una vida,
que aquellas
caricias se ganaron mi sonrisa
hasta que dejaron de existir y ésta se fue con
ellas.
Supongo que un cuerpo
desnudo en la oscuridad es invencible,
pero las ojeras del tedio pudieron con el resto.
sábado, 8 de febrero de 2014
Mi política
Milito en el arco de tu espalda,
En el humo que expulsas
Tras cada calada.
Doy mi voto incondicional
A la guerra de cosquillas
Bajo las sábanas,
A las noches de sofá y manta,
Al sudor en la cama.
Cedo toda libertad de movimiento
A cada escaño de mi cuerpo,
Mientras declaro moción de censura
Ante cada noche sin ti.
viernes, 31 de enero de 2014
Esa poesía que todos habríamos querido escribir
El primer poemario del cantautor madrileño, Marwan, se posiciona en el top 10 de ventas al comenzar el nuevo año. Con una segunda edición más cuidada y elaborada, si cabe, que la exitosa primera tirada, La triste historia de tu cuerpo sobre el mío, consigue un merecido reconocimiento que realza la grandeza de la poesía contemporánea.
Marwan no se considera a sí mismo un poeta. Su afición por la escritura viene ligada a su verdadera profesión, la de escribir canciones y cantarlas. Así, este joven cantautor recopila en este libro esos versos que, tras diez años de carrera, han quedado huérfanos de melodía, pero no de talento, carisma y sensibilidad.
El propio título del poemario nos invita a la realidad literaria que dentro del mismo nos encontramos. Se trata de una sucesión de poemas que cuentan esa triste historia que todos hemos vivido, pero que sin duda también viene acompañada de placeres carnales y emocionales. Podríamos decir que estamos ante un poemario no apto para sensiblones, pues tras leerlo, sólo te quedan dos opciones: o te cortas las venas, o te las dejas largas de por vida. Es sin duda, una prueba de fuego emocional con la que sobreponerse (o no) a antiguas heridas del pasado.
Con el primer poema, Marwan nos prepara el camino hacia esa triste historia, mientras comienzan las primeras emociones. Entonces, te ataca, inevitable y doloroso, ese pensamiento: “y esto... ¿por qué no lo he escrito yo antes?” Y es que Marwan trae consigo esa capacidad que ya hizo grandes en su momento a Benedetti y Neruda, esa sensibilidad de hacer de lo cotidiano algo especial, de decir grandes cosas con palabras tuyas y mías. Resulta curioso cómo el autor consigue jugar con nuestras emociones simplemente con el control de la empatía, cómo un solo hombre consigue serlos todos.
La triste historia de tu cuerpo sobre el mío se compone de cuatro partes: Agua y aceite, luna nueva; Tenía nombre, luna llena; Parque temático, cuarto menguante; y La caducidad del Paraíso, cuarto creciente. Así, en la noche, y con la luna presente, avanzamos de poema en poema dejándonos ir por esas historias eternas, esos errores de siempre, esos amores incomprendidos, esas camas revueltas, esas prisas, esos deseos, esas injusticias, en definitiva…esos momentos tan del día y de la noche.
Lejos de centrarse en versos excesivamente cuidados, rimas perfectas y sonetos de libro, Marwan nos sumerge en un baile de guiños, anécdotas y sensaciones que pasan de la ternura en su máxima expresión, a la pasión más común pero especial. Resulta realmente curioso la capacidad con la que este poemario muestra a un hombre que vive el mundo de falda en falda, que “folla” como el que más, pero que en ocasiones, también se detiene a sentir: “Hay mujeres que me gustan para quererlas // otras me gustan para follar // y viajar a París por unas horas entre sus piernas //… Pero tú, amor, tú me gustas para todo”. Y es que no es nada sencillo hablar de ese sexo que todos vivimos, pero pocos sabemos contar.
En definitiva, estamos ante un nuevo ejemplo de esa poesía contemporánea que nos llega en estos tiempos en que el género parece estar perdido. Estamos ante una nueva forma de disfrutar de los versos más cercanos e íntimos, de poner palabras a la vida.
Marwan no se considera a sí mismo un poeta. Su afición por la escritura viene ligada a su verdadera profesión, la de escribir canciones y cantarlas. Así, este joven cantautor recopila en este libro esos versos que, tras diez años de carrera, han quedado huérfanos de melodía, pero no de talento, carisma y sensibilidad.
El propio título del poemario nos invita a la realidad literaria que dentro del mismo nos encontramos. Se trata de una sucesión de poemas que cuentan esa triste historia que todos hemos vivido, pero que sin duda también viene acompañada de placeres carnales y emocionales. Podríamos decir que estamos ante un poemario no apto para sensiblones, pues tras leerlo, sólo te quedan dos opciones: o te cortas las venas, o te las dejas largas de por vida. Es sin duda, una prueba de fuego emocional con la que sobreponerse (o no) a antiguas heridas del pasado.
Con el primer poema, Marwan nos prepara el camino hacia esa triste historia, mientras comienzan las primeras emociones. Entonces, te ataca, inevitable y doloroso, ese pensamiento: “y esto... ¿por qué no lo he escrito yo antes?” Y es que Marwan trae consigo esa capacidad que ya hizo grandes en su momento a Benedetti y Neruda, esa sensibilidad de hacer de lo cotidiano algo especial, de decir grandes cosas con palabras tuyas y mías. Resulta curioso cómo el autor consigue jugar con nuestras emociones simplemente con el control de la empatía, cómo un solo hombre consigue serlos todos.
La triste historia de tu cuerpo sobre el mío se compone de cuatro partes: Agua y aceite, luna nueva; Tenía nombre, luna llena; Parque temático, cuarto menguante; y La caducidad del Paraíso, cuarto creciente. Así, en la noche, y con la luna presente, avanzamos de poema en poema dejándonos ir por esas historias eternas, esos errores de siempre, esos amores incomprendidos, esas camas revueltas, esas prisas, esos deseos, esas injusticias, en definitiva…esos momentos tan del día y de la noche.
Lejos de centrarse en versos excesivamente cuidados, rimas perfectas y sonetos de libro, Marwan nos sumerge en un baile de guiños, anécdotas y sensaciones que pasan de la ternura en su máxima expresión, a la pasión más común pero especial. Resulta realmente curioso la capacidad con la que este poemario muestra a un hombre que vive el mundo de falda en falda, que “folla” como el que más, pero que en ocasiones, también se detiene a sentir: “Hay mujeres que me gustan para quererlas // otras me gustan para follar // y viajar a París por unas horas entre sus piernas //… Pero tú, amor, tú me gustas para todo”. Y es que no es nada sencillo hablar de ese sexo que todos vivimos, pero pocos sabemos contar.
En definitiva, estamos ante un nuevo ejemplo de esa poesía contemporánea que nos llega en estos tiempos en que el género parece estar perdido. Estamos ante una nueva forma de disfrutar de los versos más cercanos e íntimos, de poner palabras a la vida.
miércoles, 22 de enero de 2014
sábado, 14 de septiembre de 2013
De ti y de mí
En el culmen de una existencia
En la que buscaba sin saberlo,
Encontré sin esperarlo.
“Volvime” así invulnerable,
Capaz de superar al mundo;
A ese que es mejor
Desde que tú eres tú,
Y yo soy yo,
Y en el fondo somos nosotros.
Ay de mí,
Cuando llenas la casa de risas;
Y la almohada de olores;
Y nos abandonamos
En caricias y besos.
Sin tiempo, sin final…
Ay de ti,
En esta tarde,
En que reina el silencio,
Y a mi espalda encajas,
Dando sentido
Al propio sentir.
Y en este rojo atardecer,
Ay de ti, ay de mí,
Ay del mundo
Que aún no sabe
Que…ufff…
Te encontré.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
El caso es que...
Sé de tus olores
De ese que se queda en la cama
Cuando la dejas solo para mí.
Conozco a la perfección
Tus gustos, tus manías, tus miedos,
Tus ganas tras un abrazo a la espalda.
Lo sé todo de ti;
O tal vez no,
Sigues siendo el mismo,
¿verdad?
El caso es que…
Reconozco tu olor en el metro,
Y no estás.
Río tus gracias en mi mente;
Y vuelvo a respirar
Del aire de nuestros recuerdos,
Nuestros bares, nuestras playas…
El caso es que…
A menudo se me escapa tu nombre,
Y tal vez crea sentir tu tacto en la noche.
El caso es que también siento el dolor,
A fin de cuentas,
Una vez más,
Estás.
O quizá ya no.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)