martes, 16 de noviembre de 2010

Todos ustedes parecen felices, pero, ¿lo son?


Esta mañana, al salir del metro a esa hora en la que yo suelo decir que las personas aún no somos personas, cogí, de manera ya inconsciente el QUE!

Abro una página al azar y leo: “Nueve de cada diez españoles afirman que están contentos con su vida”.
Entonces me giro, miro a la boca del metro y pienso: eso no es lo que yo veo ahí abajo.

Y es que cada mañana caras diferentes, pero siempre el mismo semblante.
Esa indiferencia como carta de presentación.
Ese “ni siento, ni padezco”.

A penas media sonrisa al pasar un niño, o un tímido gracias, o perdone si le toco sin querer.

Tal vez sean felices, no lo niego, pero no es lo que muestran.

Así, cuando a un hombre le llega un sms, y al rato sonríe, pensando, tal vez en ella; o una pareja se abraza sin más; o una madre arropa a su hijo; o me cruzo de nuevo con el hombre del acordeón y me da los buenos días…

Entonces pienso: siempre quedará alguien que te regale una sonrisa.

Así que, desde aquí, reivindico larga vida a las sonrisas.
Porque son necesarias, porque hacen que los días sean algo mejores, porque al fin y al cabo, sin sonrisas, nada somos.

Es inevitable, en estos momentos, no recordar a un gran poeta, el asturiano Ángel González.

Aquí os dejo un poema suyo que, sencillamente, me encanta.

Todos ustedes parecen felices…
…Y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen , incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen -nada
más que parecen- felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo; esta
desesperante, estéril, larga
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.




Todos ustedes parecen felices, pero, ¿lo son?

lunes, 15 de noviembre de 2010

Moncloa

Hoy Moncloa
se fundía en un sueño,
temblaba de frío.

Cogí el metro,
rumbo a tu cuerpo.
Billete de ida.
Lo siento,
no pienso volver.

En la estación
de tus brazos,
lloran los relojes,
atamos el tiempo
entre besos y sueños.

Hoy Moncloa
se fundía en un sueño,
temblaba de miedo.
Entonces,
apareciste tú.

miércoles, 10 de noviembre de 2010


Lanzamos al Sena
retazos de un pasado,
eperanzas y futuros,
sueños encarcelados,
nuestro miedo a vivir...

Sentí el miedo a sentir
y lancé con todas mis fuerzas
aquel mensaje
que un mal día,
escribí.

Hoy llega a mi orilla
una botella perdida,
recuerdo de un adiós,
días de lluvia y amor.

lunes, 8 de noviembre de 2010


El tiempo ha pasado,
las cosas, por su parte,
no han cambiado tanto.

Sigue lloviendo,
fuerte e incesante.
Sonrisas a cada paso,
miradas complices,
abrazos de reencuentro.

La brisa del mar,
frío otoñal,
verde esperanza.

Hasta pronto.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Mario Vargas LLosa



Hoy ha sido, sin duda, un día especial.
Y es que no todos los días tienes la suerte de conocer en persona a un premio Nobel.

Teatros del canal. 18:20h de la tarde, quedaba más de una hora para que Iñaki Gabilondo procediera a iniciar la entrevista pública con, nada más y nada menos, Mario Vargas Llosa.

Esperamos, impacientes, la protocolaria cola. Tomamos asiento, sacamos la cámara y la grabadora. Estábamos listos.

Y llegó. Entró con la firmeza que le caracteriza, entre una tremenda lluvia de aplausos que se repetiría a lo largo de la entrevista.
El público se puso en pie.


Y comenzó a hablar. Con entusiasmo y sinceridad contaba cómo había sido esa larga tarea de documentación para el que ahora es, su último libro (ese que como él dice es mejor que el anterior, pero peor que el próximo) “El sueño del celta”.
Entre anécdotas, ideas y sentimientos, pasó, rauda, una hora.

Y finalmente, Gabilondo puso fin al evento con un caluroso aplauso por parte del público.


A la salida, decidimos esperar. Necesitábamos ese cara a cara.
Y lo conseguimos. Nos costó, pero tras casi dos horas, Mario Vargas Llosa, salió.

Y allí estábamos nosotros, dispuestos a estrechar su mano y felicitarle por su trabajo y sus impecables palabras.
Se acercó, nos saludó e incluso, para nuestra sorpresa, se permitió el lujo de gastar alguna que otra broma entre foto y foto.


Podría, sin duda, hablar de la gran trayectoria profesional de este hombre. Pero, ¿de qué serviría? Eso todos lo saben.

En cambio, no puedo evitar destacar que, desde lo que pude ver, oír, y sentir, sí, es cierto, lo reconozco,es sin duda, un grandísimo escritor; pero sí, es, igualmente, una persona increíble.

En todo momento cercano, sonriente, consciente y coherente con lo que decía.

Podría destacar tantas cosas… pero, simplemente, os dejo unas palabras textuales que para mí, lo dicen todo.

Decía Vargas Llosa: “A la hora de sentarme en el escritorio, me quedo solo ante el papel, no hay premio Nobel que valga, me empiezo a morir de miedo, de temor, de inseguridad… y al mismo tiempo de felicidad. Es una cosa extraña, y al final siempre lo importante se va a decidir ahí… Al final eso es para mí la parte más feliz de mi vida, lo que organiza mi vida, la columna vertebral de mi vida y ahí no hay premio que valga.”

Su vida ha cambiado, vaya que si ha cambiado. Sin embargo, Vargas Llosa, enamorado de la sencillez de la vida, trata de vivirla como siempre lo ha hecho.

Realmente, me quito el sombrero. Porque más allá de lo importante de su trayectoria profesional, hoy, sus palabras han conseguido reconciliarme, más si cabe, con la literatura. Sentir ese temor especial ante el folio en blanco.

Mi enhorabuena Vargas Llosa.

martes, 2 de noviembre de 2010

Hoy, te declaro la guerra


Tú esperabas el metro,
Yo, tal vez,
El amor.

Me miraste
Y sonreí.
Olvidé por un momento,
Que el mundo
Seguía su curso
Más allá de tu cuerpo.


Y decidí, entonces
Alistarme en el ejército
De tus labios,
Combatir las peores guerras
Entre tus brazos,
Salvar cada batalla
En la frontera de tu espalda.


Supe que era el momento
De izar la bandera
Del valor y la locura,
Supe que era el momento
De probar un pedacito de ti.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Es tarde


Es tarde,
La luz de las farolas
me ciega por momentos,
No logro dormir.

Es tarde,
Aún no has llegado,
y sigue siendo tarde.
Vuelve.

Es tarde,
O tal vez pronto,
O quizá, no sea el momento.

¿Qué ha sido de ti?