jueves, 17 de diciembre de 2009

Lo peor de no tenerte es el recuerdo de un pasado mejor.

Ya han pasado 5 meses desde aquel día en que cruzamos nuestras miradas por última vez, y rompieron todo cuanto había entre nosotros, y terminaron con todo aquello que llamábamos felicidad…

¿Te acuerdas? Era un 10 de Marzo, mi cumpleaños. El mejor día de mi vida, que lamentablemente terminó siendo el peor.

Lo tenías todo planeado, como siempre, te gustaba sorprenderme, y una vez más lo conseguiste. Aún recuerdo el momento en que te vi dar la vuelta a la esquina. Yo te esperaba, como de costumbre, en aquel viejo banco del parque, aquel escondido entre los matorrales más altos del vecindario, aquel desde el que nadie podía vernos.

-¿Dónde vamos?- te pegunté, y tan sólo dijiste: -sube y no mires atrás-

Hubiera sido perfecto, llegar a ver el mar. Cruzar medio país y llegar a nuestro pequeño paraíso, donde nadie cerrara las puertas, colgara los teléfonos, rompiera los mensajes bajo la puerta… pero no pudo ser.

Habíamos conseguido superar más de la mitad del trayecto cuando la segunda noche se abalanzó sobre nosotros. El bao en los cristales nos protegía de aquella cruda realidad a la que siempre temí. Afuera, reinaba el silencio. Sentí miedo, y poco a poco fui cerrando los ojos mientras Sabina nos cantaba una canción en la radio del coche.

Me desperté sobresaltada, alguien afuera pretendía llamar nuestra atención. Tú dormías, sin dejar de abrazarme. La guardia civil puso punto y final a nuestra historia, terminó con tu carrera y con mi libertad.

Hace tiempo que no sé nada de ti. Me han contado que sigues igual que siempre. Según tengo entendido te han echado del trabajo tras el cúmulo de noticias, interrogatorios, malentendidos y juicios por los que tuviste que pasar.

Me alegra saber que has rehecho tu vida en otra ciudad, con otro trabajo, con nuevas esperanzas, y me gustaría seguir creyendo que aún me esperas, tal y como prometiste.

Yo sigo aquí encerrada, entre las cuatro paredes de este horrible internado perdido de la mano de Dios y de cualquier hombre. Durante los primeros meses no recibí llamada alguna de familiares ni amigos, supongo que, una vez más las tenía prohibidas. Pasé semanas llorando sin saber a donde mirar, sin nada que decir. Hace dos meses que comencé a escribirte, con la vana esperanza de que llegue ese día en que sea yo misma quien te relea una y mil veces estas palabras, mientras, nuevamente, escuchamos a Sabina.




Cada minuto aquí se vuelve un infierno, a la vez que un alivio, pensando en la lenta cuenta atrás que poco a poco llega a su fin.


6 meses, 3 días y 2 horas marcan el final de este pequeño pero duro infierno que habita en mí. 6 meses, 3 días y 2 horas para llegar a esas 18 primaveras, pasaporte a la libertad.


Cada día pienso en los por qué que me hicieron llegar hasta aquí, y nunca consigo dar respuesta a tanta incógnita que me ahoga por momentos y me impide ser feliz.

Nunca podré entender por qué nos separaron; por qué la edad era tan importante; por qué existen personas que deciden a quién debes o no amar, personas que marcan un límite de edad a la felicidad.

Nunca entenderé por qué mis padres no me dejaron ser feliz.


Dentro de poco, en un futuro no muy lejano todo esto terminará. Dentro de poco, seremos tú y yo, sin bancos escondidos en los matorrales, sin cartas que nunca llegan, sin brazos que nos separen… solos tú y yo.


¿Sabes? Aún no he visto el mar.

1 comentario:

Iván dijo...

Un relato triste pero extraordinariamente redactado ,una historia de amor truncada por la cruda realidad. Tienes olfato para la escritura, eres joven y aun así ya despuntas en esto, admiro tu manera de mecer las palabras sobre el papel; clara concisa y serena, se hace grata la lectura, te felicito por ello.
Un pequeño consejo de escritor a escritora; sigue escribiendo no lo dejes nunca, agárrate a este mástil que es la escritura y navega por sus mares, notaras que cada vez lo haces mejor, y ya lo laces muy muy bien.
Un saludo