sábado, 28 de agosto de 2010

Amelie solía preguntarse cuántas serían las personas que en ese mismo instante estaban “haciendo el amor”.


A menudo suelo preguntarme cuántas serán las personas que en ese mismo instante se piensan a la vez; se encuentren en un lugar recóndito donde ninguno pensaba, tal vez, ni siquiera estar; o se nombran en alto en el vacío de una habitación silenciosa…

¿Hasta dónde llegan las casualidades?

¿Qué delimita el destino?

Suele pasar, que la vida, una vez más, nos pone a prueba.

Basta con desear con todas tus fuerzas cruzarte con una persona; que te tire, tal vez el café por encima; o por qué no, que en ese mismo instante, se averíe el ascensor…

Basta con desearlo… para que no ocurra.

Pero ten claro algo, y una vez más repito: cuidado con lo que deseas. Porque tal vez desees y pidas a Dios no cruzarte con esta o aquella persona, que llegue pronto el autobús para que él no te vea así, o que ese día, el metro llegue con retraso y se rompa la rutina.

Basta con desearlo… para que ese día, ocurra!

Así es la vida.

No sé si creer en el destino, o tal vez creer que el destino somos nosotros mismos.
No sé si creer que todo está escrito, o que somos nosotros quien lo escribimos.
Cuando tenga alguna respuesta, si es que algún día la tengo, os la contaré.

Mientras tanto, desear o actuar, tal vez lo segundo sea lo más recomendable.

1 comentario:

Adolfo Payés dijo...

Muy bella reflexión..

Un abrazo
Saludos fraternos..

Que disfrutes del fin de semana..