Traté de serlo todo,
tu todo.
La mecha de tu vela:
la luna que mueve tus mareas;
el sol que te despierta.
Necesitaba ser ese todo,
tu todo;
ser cada minuto de tus horas;
cada hora de tus días;
cada día de tu vida.
Quise serlo todo;
tus palabras;
tus dibujos en servilleta;
tus versos y canciones.
Necesitaba ser
el primer y último pensamiento;
formar parte de la palma de tu mano;
robarle el tacto a tu esponja,
y el sabor a tu café de la mañana.
Traté de serlo todo,
y terminé conformándome
con ser una parte,
para hoy recordarte,
siendo nada,
y añorando tu todo.
lunes, 3 de septiembre de 2012
jueves, 16 de agosto de 2012
No era tan difícil
Hace tiempo que no creo
En los príncipes azules.
Siempre he sido –lo reconozco-
Gran escéptica
Ante las escenas de amor
De las cuales –vuelvo a reconocer-
Soy adicta.
Pero qué quieres que te diga
Esperaba palabras de amor,
Acordes, canciones…
Que tocaras mi cuerpo
Como quien toca una guitarra
Sin melodías fuera de lugar,
Ni sonidos mal sonantes.
Esperaba habitar, por qué no,
El resto de mis días
En una habitación hecha sala de conciertos,
Con aforo limitado, eso sí, para dos.
Siempre esos dos.
Se destiñen, eso creía yo de los príncipes,
Y por eso –lo reconozco-
Los buscaba de una pasta especial,
Supongo que de la necesaria,
Para quedarse a mi lado.
Al fin y al cabo –reconózcanme-
No pedía tanto.
No era tan difícil.
O sí.
[Aprovecho para compartir un poema de Marwan, dice así:
Anuncio por palabras
Hombre sin tiempo
para quejas
con el alma escarmentada
yla ilusión en reconstrucción
busca mujer con vistas al paraíso
dispuesta a estrellar su corazón contra el mío
y a repetir cada noche esas noches que no se pueden repetir.
Interesadas acudir el 31 de Febrero
al Café Jamás.]
lunes, 13 de agosto de 2012
De lo que tuvo y no supo
Al llegar al centro lloró.
La sal que caía por sus mejillas
Le acercaba levemente
A ese mar que siempre tuvo
Y nunca escuchó
Caminó descalzo por los parques
Donde la infancia construye fuertes castillos,
Aislantes del pecado que supone crecer;
Sintiendo en la piel algo parecido
A aquella arena que un día le cubrió y apartó.
Y cuando en la ciudad,
Rodeada de gente y vacía de personas
Giraba sobre sí;
Lloraba de nuevo.
Porque aquella soledad,
era la de verdad.
Volvió,
Respirando fuerte,
Anclando sus pies bajo arena y mar,
Evitando cualquier movimiento
Que le alejase de la vida,
De aquellos colores,
Del ir y venir del blanco y azul.
Porque con una de esas olas… volvería.
Volvería aquello que tuvo, y no supo.
La sal que caía por sus mejillas
Le acercaba levemente
A ese mar que siempre tuvo
Y nunca escuchó
Caminó descalzo por los parques
Donde la infancia construye fuertes castillos,
Aislantes del pecado que supone crecer;
Sintiendo en la piel algo parecido
A aquella arena que un día le cubrió y apartó.
Y cuando en la ciudad,
Rodeada de gente y vacía de personas
Giraba sobre sí;
Lloraba de nuevo.
Porque aquella soledad,
era la de verdad.
Volvió,
Respirando fuerte,
Anclando sus pies bajo arena y mar,
Evitando cualquier movimiento
Que le alejase de la vida,
De aquellos colores,
Del ir y venir del blanco y azul.
Porque con una de esas olas… volvería.
Volvería aquello que tuvo, y no supo.
domingo, 6 de mayo de 2012
¡Feliz día de la madre!
De ella llevo conmigo ese mal genio que nos recorre por dentro ante las injusticias, esa “mala uva” de la que habla mi padre.
Tengo su risa floja y el mismo peso de los párpados en las siestas de sofá y manta.
Ambas de paladar dulce y caracoles en el pelo; de tardes de compras y meriendas con la abuela.
Porque a medida que creces, te das cuenta de que no eres así por casualidad. Porque terminas diciendo las mismas frases, enervándote por las mismas cosas y adoptando las mismas costumbres.
Porque son ellas, las que te aguantan, las que te ven crecer, las que te lo dan todo. Porque aunque hoy es un día inventado, cómo no, por los grandes almacenes; creo que es una buena excusa para dar las gracias a nuestras respectivas madres. Simplemente (y no tan simple) por el hecho de estar.
¡Feliz día de la madre!
jueves, 19 de abril de 2012
Una noche más en Libertad 8
Volver a Libertad 8 siempre es especial, como cuando vuelves a casa después de un tiempo, y te sientes arropado; y un cúmulo de recuerdos te recorren el cuerpo, y sabes que ahí, has vivido.
Ayer volví. Rodolfo Serrano pondría los versos, Emiliano del Río los acordes.
Caminaba con prisa por las estrechas calles de Chueca, impaciente, nerviosa, ilusionada. Volvería a encontrarme con la poesía de Rodolfo, y al fin podría escuchar en directo a ese gran cantautor argentino que de un salto cruzó el charco para hacernos vibrar.
La noche prometía, y al final nos dio mucho más de lo esperado.
Al pequeño escenario no sólo se subieron este par de artistas, sino que por sorpresa allí terminaron siendo un grupo de amigos, que entre risas, música y palabras, llenaron el pequeño local.
Rodolfo, como siempre, nos dejó sin palabras con las suyas propias.Me recordó, una vez más, por qué a veces, me dejó llevar por las palabras, por qué son tan importantes para mí. Emiliano, acompañado al piano de Adán Latonda y Manu Clavijo al violín, nos hizo reír y suspirar.
Manuel Cuesta no podía faltar, con su voz (y su melena), con sus ansias de cantar, y cómo canta… Igualmente, Patxi Andión cogió la guitarra y nos regaló su canción. Y el arte, viene de familia. Lo dejó claro, Jon, su hijo, al poner voz en uno de los poemas de Rodolfo.
Apareció de pronto Luis Pastor, recitando “Qué fue de los cantautores” y pronto le tomó el relevo su hijo Pedro, rapeando como nunca antes había visto.
A mi lado, Pablo Guerrero. No sé cómo, pero deseaba que sus palabras me atravesaran y llegara el día en que pudiera escribir como él. Subió a ese pequeño escalón, y recitó con su voz ronca y su fuerza imparable.
Por último, Ismael Serrano cerró la noche cantando primero en solitario y luego con Emiliano. ¡Qué dúo! Indescriptible.
En fin… una noche mágica, en un lugar mágico, con la mejor compañía. Gracias a ese grupo (como yo digo, el de los viernes) por acogerme y cuidarme, por hacer que sienta que estoy en casa.
Nos vemos en el camino, en los bares… ¡Donde queráis!
Mil gracias, y otros tantos abrazos.
Ayer volví. Rodolfo Serrano pondría los versos, Emiliano del Río los acordes.
Caminaba con prisa por las estrechas calles de Chueca, impaciente, nerviosa, ilusionada. Volvería a encontrarme con la poesía de Rodolfo, y al fin podría escuchar en directo a ese gran cantautor argentino que de un salto cruzó el charco para hacernos vibrar.
La noche prometía, y al final nos dio mucho más de lo esperado.
Al pequeño escenario no sólo se subieron este par de artistas, sino que por sorpresa allí terminaron siendo un grupo de amigos, que entre risas, música y palabras, llenaron el pequeño local.
Rodolfo, como siempre, nos dejó sin palabras con las suyas propias.Me recordó, una vez más, por qué a veces, me dejó llevar por las palabras, por qué son tan importantes para mí. Emiliano, acompañado al piano de Adán Latonda y Manu Clavijo al violín, nos hizo reír y suspirar.
Manuel Cuesta no podía faltar, con su voz (y su melena), con sus ansias de cantar, y cómo canta… Igualmente, Patxi Andión cogió la guitarra y nos regaló su canción. Y el arte, viene de familia. Lo dejó claro, Jon, su hijo, al poner voz en uno de los poemas de Rodolfo.
Apareció de pronto Luis Pastor, recitando “Qué fue de los cantautores” y pronto le tomó el relevo su hijo Pedro, rapeando como nunca antes había visto.
A mi lado, Pablo Guerrero. No sé cómo, pero deseaba que sus palabras me atravesaran y llegara el día en que pudiera escribir como él. Subió a ese pequeño escalón, y recitó con su voz ronca y su fuerza imparable.
Por último, Ismael Serrano cerró la noche cantando primero en solitario y luego con Emiliano. ¡Qué dúo! Indescriptible.
En fin… una noche mágica, en un lugar mágico, con la mejor compañía. Gracias a ese grupo (como yo digo, el de los viernes) por acogerme y cuidarme, por hacer que sienta que estoy en casa.
Nos vemos en el camino, en los bares… ¡Donde queráis!
Mil gracias, y otros tantos abrazos.
martes, 17 de abril de 2012
Te cree, y eras
No eras;
Pero te cree.
Hice porque fueras
En mis sueños,
El propio soñar.
Traté de imaginarte,
Hacerte palabras,
Crear versos
Con sonidos indefinidos,
Con sentimientos innombrables
Y amaneceres ilógicos.
Le escribí canciones
Al olor
Que dejas en las sábanas;
Sin saber aún las letras
Que forman tu nombre.
Porque no eras, pero te cree.
Llegó entonces tu olor,
El de verdad;
Y las siete letras
Que te nombran.
Y eras,
Como te había creado;
Y besabas, como había soñado.
Pero te cree.
Hice porque fueras
En mis sueños,
El propio soñar.
Traté de imaginarte,
Hacerte palabras,
Crear versos
Con sonidos indefinidos,
Con sentimientos innombrables
Y amaneceres ilógicos.
Le escribí canciones
Al olor
Que dejas en las sábanas;
Sin saber aún las letras
Que forman tu nombre.
Porque no eras, pero te cree.
Llegó entonces tu olor,
El de verdad;
Y las siete letras
Que te nombran.
Y eras,
Como te había creado;
Y besabas, como había soñado.
jueves, 22 de marzo de 2012
Ser
Y ser, por qué no,
La locura hecha palabras,
El amor imposible que persigues
Tu musa más preciada,
Aquella que no puedes olvidar,
Y su olvido sería el fin;
Que no hay palabras sin su boca,
Ni caricias sin su piel.
Ser diferente a las demás,
El deseo hecho persona,
La pasión desmedida,
Una espalda al desnudo
Entre las sábanas de un hotel en la playa.
Ser la sal de tus labios
En un mar de lágrimas;
La dulzura de un postre
Sobre la mesa;
Los ojos vidriosos del amor;
Las ganas de amar en la noche.
Ser la luna que mueve tus mareas,
Que acuesta tus días;
La luz tenue de las despedidas,
El sabor amargo del después,
Y la sonrisa inevitable si me ves.
Ser todo y ante todo,
Para ti.
La locura hecha palabras,
El amor imposible que persigues
Tu musa más preciada,
Aquella que no puedes olvidar,
Y su olvido sería el fin;
Que no hay palabras sin su boca,
Ni caricias sin su piel.
Ser diferente a las demás,
El deseo hecho persona,
La pasión desmedida,
Una espalda al desnudo
Entre las sábanas de un hotel en la playa.
Ser la sal de tus labios
En un mar de lágrimas;
La dulzura de un postre
Sobre la mesa;
Los ojos vidriosos del amor;
Las ganas de amar en la noche.
Ser la luna que mueve tus mareas,
Que acuesta tus días;
La luz tenue de las despedidas,
El sabor amargo del después,
Y la sonrisa inevitable si me ves.
Ser todo y ante todo,
Para ti.
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